viernes, 15 de febrero de 2013







Castro Florez me dice: "El diagnóstico ha sido reiterado hasta la nausea: Baudrillard (la precisión de lo simulacros y la implosión en una política de lotrans), Burgess (el tratamiento Ludovico: la reeducación conductista a través del horror) o Ballard (la exhibición de atrocidades en la búsqueda del placer extinto). No somos, aunque nos guste fantasear con ello, la tripulación del Nostromo que, de vuelta a casa, ha quedado, literalmente, “embarazada” por el horror puro. El alien es un candoroso parvulario comparado con el automovilista atascado hasta el fin de los tiempos y dispuesto a dar rienda suelta a la catarata de las blasfemias. La contrautopía de la llamada ciencia ficción no requiere de seres extraterrestres o fenómenos paranormales, sino una atención a los gestos menores del intercambio doméstico, los movimientos a través de las puertas o una mirada que cruza un balcón. Lo extraño está aquí y, sorprendentemente, tiene un aspecto familiar"
James Barrie a la vez me dice: "Al sentir que Peter regresaba, el País de Nunca jamás revivió de nuevo. Deberíamos emplear el pluscuamperfecto y decir que había revivido, pero revivió suena mejor y era lo que siempre empleaba Peter.
Normalmente durante su ausencia las cosas están tranquilas. Las hadas duermen una hora más por la ma ñana, los animales se ocupan de sus crías, los pieles rojas se hartan de comer durante seis días con sus noches y cuando los piratas y los niños perdidos se encuentran se limitan a sacarse la lengua. Pero con la lle gada de Peter, que aborrece el letargo, todos se ponen en marcha otra vez: si entonces pusierais la oreja contra el suelo, oiríais cómo la isla bulle de vida.
Esta noche, las fuerzas principales de la isla estaban ocupadas de la siguiente manera. Los niños perdidos estaban buscando a Peter, los piratas estaban buscando a los niños perdidos, los pieles rojas estaban buscando a los piratas y los animales estaban buscando a los pieles rojas. Iban dando vueltas y más vueltas por la isla, pero no se encontraban porque todos llevaban el mismo paso.

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