lunes, 11 de febrero de 2013


llega un momento donde todo no vuelve a su curso de manera  normal sino se  desborda, arrasando consigo todo aquello que la memoria contabiliza. siguiendo a Castro Flórez:
Caía la tarde y, cansado tras una reunión de casi diez horas revisando dossiers de toda clase y condición, recibí una llamada de mi mujer que, con un tono de cachondeo inequívoco, me dijo algo lapidario: “Es algo público que tienes muy mal gusto innato. Lo dice Verdú”. La verdad es que acababa de ojear, con inmenso aburrimiento, las páginas de EL PAÍS, y que al ver una fotografía de Richard Serra, flamante premio Príncipe de Asturias, junto a una declaración “cuasi-patriótica” (vale decir un reconocimiento de su “vínculo” español) de este exponente del peso (del poder), renuncié a leer ni una sola línea. Sin embargo, la observación de Manuela me obligó a volver sobre mis pasos para comprobar que, efectivamente, Vicente Verdú escribía mi nombre y apellidos, casi de forma obsesiva, en siete ocasiones en un artículo a cinco columnas. Me hizo mucha gracia, lo confieso, esa comparación en la que mi “antagonista” no sería otro que Francisco Calvo Serraller al que el mediólogo llama, directamente en plan compadre, “Paco”. "

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