Este presunto “gnomo” fue conservado vivo en una jaula para pájaros donde vivió veinticuatro horas sin comer nada.

El ejemplar ¡todavía vivo! fue puesto en manos del parapsicólogo catalán Angel Gordon quien efectuó un estudio preliminar y lo conservó en un frasco con formol. La diminuta criatura era de color azulado, presentaba algunas manchas en su cuerpo, fundamentalmente en el cuello y la cara y tenía un tamaño aproximado de doce centímetros. Su constitución carnosa pero presentaba una protuberancia en la frente que recordaba un gorro frigio. Asimismo eran reconocibles unas orejas largas, similares a las de un conejo, y un hocico parecido al de un roedor. Sus ojos tenían un tono rojizo y parecían sobresalir de una zona oscura parecida a un antifaz. Sus extremidades delataban que se trataba de una especie anfibia pues sus dedos estaban unidos por membranas. No tenía pelo en el cuerpo, salvo en el cogote, donde Gordon advirtió tres pequeños pelos. El parapsicólogo encargó a un fotógrafo de l’Hospitalet que inmortalizara el extraño ejemplar y se obtuvo así una polémica secuencia fotográfica.

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