
la noche pasada, tras la presentación del libro de Miguel Marcos en Santa Mónica, me preguntaron si seguía "metido" en el tema de la música. Al principio no tenía ni idea de a qué se referían. Luego me nombraron algo de pioneros y de estruendos, de coches y demás. La descripción iba tomando un cariz sumamente desconcertante. En realidad, pensé que todo el típico desmandre de alguien que no se enteraba de nada. Ellos, absolutamente entusiasmados, me dijeron que recordaban mucho "al otro artista". En un momento, nombraron Gerona y me di cuenta de que estaban aludiendo, de la forma más oscura imaginable, al viajecito que nos montamos Domingo y yo hace años a la Fundació Espais. Al aclararme, ellos respiraron tranquilos. Me hicieron saber que "nosotros" éramos, nada más y nada menos, "unos pioneros". Luego apostillaron que "a raíz de lo que habíamos hecho otros, literalmente, habían chupado rueda". Un reportaje reciente en la televisión vendría a demostrar que nuestra historia tenía dimensión fundacional. Aunque todo suene ahora tremendamente turbio quiero aclarar que esta arqueología desconcertante nos situaba como héroes del "tunning". A la pareja de marras le brillaba el rostro al recordar los sonidos estruendosos en la noche. Ella me dijo con un fervor innecesario: "todavía me acuerdo de la noche cuando abrías el maletero y salía aquella música atronadora". Atronadora de verdad. Domingo no lo sabía ni yo tampoco: somos pioneros de los buenos, tenemos seguidores, la peña más estrafalaria nos copia. Va siendo hora de que dejemos todo y de que nos hagan un par de homenajes o, por lo menos, algún concejal o delegado sindical nos entregue una placa conmemorativa. Tenemos más méritos que cualquiera: nos hemos entregado con fruición a toda clase de majaderías. Más madera esto es la guerra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario