
El extranho baile que desentumece la consciencia y perturba los sentidos, Harvey Keitel se agazapa y recuerda el final de Aguirre, la ira de Dios. Cuando esta en la balsa con todos aquellos titis, macacos y engancha a uno saliendose del guion, esa fantasía fantasmagórica y violenta en la cual también se darían a conocer todas las “excentricidades” del director y su estrella Klaus Kinski. Ese rodaje accidentado y memorable continuo en su linea algunos años después con el de Fitzcarraldo, en el cual Herzog nos presentó la historia de otro soñador -interpretado también por Kinski- que intenta construir una ópera en Iquitos, aunque para ello tenga que llevarla atravesando montes y ríos.
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