sábado, 19 de diciembre de 2009

un taxista de gorra de lana, calva camuflada y dentadura postiza se encabronó por culpa de un elefante de neón y algo bizarro. Nos puso a caldo y eso que íbamos de buen rollo. No queríamos bajar con la calle Juan Carlos I. Cosas post-republicanas. Ahora pienso que era un miembro ilegal del Contubernio. Un clandestino que nos hizo un guiño de complicidad. No le pillé el punto. Tendré que volver pronto a decir la contraseña.

No hay comentarios:

Publicar un comentario