sábado, 19 de diciembre de 2009

hemos tocado la cima del delirio. De noche, con un frío bestial, al Elogio del Horizonte. Lo peor es el barrizal con los zapatos de tafilete y la sensación de que nos acercábamos peligrosamente al acantilado. Al llegar al cemento de Chillida mencioné a Heidegger. No sentía el calor metafísico ni por asomo.

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