domingo, 6 de marzo de 2011

COMO LA PATA DE POLLO EN EL PRINGO LA LECHE DULCE, QUE GRACIOSOS TIENES LOS MORROS QUE BIEN HUELES


Imagínate la calle de un country longincuo, con un tapial del frente de una casa total y pulcramente blanco. Sobre el tapial en cuclillas, María Laura Santillán (la conductora de Telenoche), con su chanel de dos piezas color rosado rococó y bordecitos negros, perfectamente peinada y maquillada. Toda una lady, con una expresión de felicidad y esfuerzo en su rostro casi perfecto, haciendo fuerza por defecar y disfrutando categóricamente cada flatulencia sonora que despide.
Al pie del tapial inmaculadamente blanco, Alessandra Rampolla, la sexóloga del programa de los jueves por la noche, vestida con una túnica marrón y unas botas de cuero negro tipo “sado”, comiendo una pata de pollo abundantemente untada con dulce de leche y crema chantilly, grageas y salsa golf, bailando con una sonrisa pueril y a la vez picaresca una canción de Panám; “El cangrejo Clodomiro” específicamente.
Frente a la Rampolla una bailarina clásica del Colón que no come hace cuatro días por su dieta, con su tutú y rodetito, mirando desesperadamente a la sexóloga comer gozante. Sus pelos comienzan a saltar paulatinamente del peinado firme hacia atrás y parecen alambres oxidados. Sus ojos se ponen enrojecidos y vidriosos. Tiembla, tirita, emite quejidos de angustia, una lágrima corre por su mejilla derecha hacíendole chorrear la pintura de los ojos. Se lleva la mano izquierda a la boca y la chupa mientras ve comer feliz a la gorda. Junta sus rodillas y completa el patetismo de su situación.
Delante de ellas Mariano Martinez y Nicolás Vasquez completamente desnudos, se besan eufóricamente, se juran amor eterno y comienzan a practicarse sexo oral entre gemidos de placer.
De golpe María Laura Santillán suplanta sus flatulencias por una curseada chirle que cae sobre el tapial blanco, tornándolo inmundo. Al contacto con el suelo el excremento salpica la cara de la bailarina y los cuerpos de Martinez y Vasquez. Alessandra lanza al viento una alegre carcajada y hace un gesto de aprobación a María Laura. Esta última produce gemidos descontrolados y continua lanzando flatulencias y fluidos intestinales en medio de una algarabía incomparable.
En ese estado aparece corriendo por la calle completamente desnuda y con un dildo atorado en la vagina Leticia Brédice. En su mano arenga un flitero, tiene el maquillaje desparramado por toda la cara, es espantoso el contorno de sus ojos, sus pelos emulan una escoba vieja. Su actitud es demasiado soez. Cuando llega a la escena se pone a cantar descontroladamente “Du hast” de Ramstein.
Al terminar de ladrar la canción mira a Martinez y Vasquez que siguen con sus prácticas amatorias como si nada, y enseguida contempla a la bailarina que seguía padeciendo aterrorizada en un rincón. Se dirige a ella con claras intenciones de vejarla y zaherirla, mientras ésta se desploma en el piso y se orina encima cayendo sobre el charco que produce.
Por un momento se detienen una frente a la otra. La bailarina solamente tiembla y se chupa los dedos de la mano. Su instinto de zahorí la previene respecto de lo peor. Entonces Leticia le pega un terrible sopapo con el flitero y le grita: “¡Aprendé a gozar perra inservible!”.
El fliterazo le parte la cabeza a la aterrada joven que cae al piso, sobre el cagajón chirle de María Laura, mientras su sangre se mezcla con los fluidos que pululan por el lugar. Ya no parece un bailarina, su aspecto es más bien el de una bugasa, una callenca, una mondaria, una maturranga perendeca zurrona.
Leticia la mira con un gesto de “tarea cumplida”, escupe a los amantes que permanecen indiferentes viripotentes y féminos al mismo tiempo, y sale corriendo por la calle nuevamente.
Es allí cuando se cruza un Scania que la atropella brutalmente. Su cuerpo vuela hecho trizas por los aires, su cabeza alcanza una altura considerable para luego caer y quedar ensartada en la rama de un paraíso plantado frente a aquel espectáculo. El dildo atorado en su vagina por fin se libera. El flietero también toma vuelo y al fin cae frente a la Rampolla, que cuando lo ve caer todo abollado solo grita: “¡Qué wenooooooooo!”.
El Scania frena, de él se asoman Susana Giménez y Soledad Silveira completamente borrachas y vestidas con minifaldas y tops ajustados de peluche estampado de leopardo. Son dos zamacucas. Solita lanza un sonoro eructo y arroja al piso una caja de tetra barato, Susana regurgita un líquido amarronado y espeso, le dan marcha al camión y siguen. La cabeza de Leticia, empalada en el árbol, contempla todo absorta y viendo la vomitada de Su, saca su lengua. Entonces la cabeza de María Laura Santillán comienza a dar vueltas sobre sí como si se tratase de una poseída. Al mismo tiempo maldice en círico.
La Rampolla no para de reir, en un arrebato de gozo tira para arriba la pata de pollo untada en dulce de leche, que cae sobre el tutú de la bailarina que yace junto al tapial impúdico con la cabeza partida.
Entonces empiezan las “Grandiosas” que presentan una nota sobre “todos los secretos de la cocina afrodisíaca”, donde se instruye al televidente argentino en torno al aroma del pescado que remite a la genitalidad femenina...

Fin.

Dictum per WALDE a la/s 6:24 PM 4 Verbum

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