Sobre Wickyleaks (o como quiera que se escriba).
"Si la función del ámbito público es arrojar luz sobre los asuntos de los hombres proporcionándoles así un espacio de apariencias en el que pueden mostrar de obra y de palabra, para bien o para mal, quiénes son y qué pueden hacer, entonces la oscuridad ha llegado cuando esa luz se ha extinguido víctima de una "brecha de credibilidad" y de un "gobierno invisible", de un discurso que no revela lo que es sino que barre debajo de la alfombra, y de exhortaciones (morales o de otro tipo) que, bajo el pretexto de sostener viejas verdades, degradan toda verdad a una trivialidad sin sentido" (Hannah Arendt). La sensación de que hemos descubiertos gracias al "hackerismo" la cara malvada del Imperio contrasta con la sospecha de que todo no es nada más que una farsa rumorológica. La agenda y el temario se renueva con un conjunto de chorradas diplomáticas. Además la confirmación de que es "verdad" eso "que ya sabíamos" aumenta la idiotización del mundo. El único, el singular puede ahora, con toda legitimidad, ser víctima y verdugo, perseguidor y perseguido y, todo eso, barnizado con cierta impresión deconstructiva. Solo faltaba que, en medio de la falta de sentido y de posibilidad de comprender lo que nos pasa, ahora tomáramos miles de páginas como La Biblia del Siglo XXI. No son ni noticias ni documentos ni pruebas de nada. Lo único que confirman es la percepción y los prejuicios de un cuerpo diplomático que es, a la manera de Clausewitz, el garante de la situación bélica en el mundo. Que el diario EL PAÍS y otros tenga a tanto periodistas leyendo ese marasmo de cosas como si fuera la nueva fuente de lo oracular es sencillamente ridículo. Si los garantes de la "seguridad" nacional americana se sintieron desconcertados o incluso amenazados al principio comprendieron pronto que tenían entre manos una forma de propaganda indirecta pero altamente eficaz. Lo único que le queda a España, a Nigeria o a Chipre es filtrar cuanto antes los casposos comentarios de sus consulados, negociados en ultramar y centros de (des)control ministerial. Seguro que en Washington montan a la carrera un comité de crisis y emprenden una carrera imparable para traducir, catalogar y desentrañar nuestras sesudas consideraciones. Hace tiempo que no teníamos tan cerca una pseudo-conspiración. El complot estatal sabe como mantener entretenida a la llamada opinión pública. El secreto es superficial o peor una mascarada de insubordinación que, finalmente, mantiene todo como estaba. El linch de estos Wicki es, sencillamente, la forma perfecta del status quo. No barren bajo la alfombra: lo dejan todo a al vista. Como en la carta robada de Poe, Lacan & Cia. Nunca mejor dicho.
lunes, 6 de diciembre de 2010
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