( mi llegada a chile vino con una nota de prensa que a continuación pegoteo, mientras poso con lo que fue en su momento la polémica puerta de entrada del también polémico masturbatorio 19, hoy un imperdible en el paisaje de la tradicional escuela de arte de la universidad de chile )
"Historia sentimental de la experimentación artística"
se tituló la exposición que el artista y académico del Departamento de
Artes Visuales presentó recientemente en el Museo Antropológico y de
Arte Contemporáneo de Guayaquil, una muestra en la que reunió la
producción audiovisual que ha realizado en los últimos 25 años.
A mediados de abril, Arturo Cariceo salió de de
nuestro país para desarrollar una serie de actividades, primero en
Ecuador y luego en España. En el país latinoamericano, por ejemplo,
impartió el seminario Arte: Tradición y Contracultura en la
Casa de la Cultura del Azuay, y fue invitado por el director de la
Galería Procesos, Patricio Palomeque, a curar una muestra de arte
audiovisual chileno que tituló E-videncias. La persistencia de lo audiovisual en el arte chileno.
"Fue en ese contexto que Cuty Espinel, programadora del Museo
Antropológico y de Arte Contemporáneo, MAAC, comprometió mi
retrospectiva para ser exhibida en Guayaquil, siendo inaugurada en el
marco del Día Internacional de los Museos", recuerda Arturo Cariceo
sobre Historia sentimental de la experimentación artística, título de esta exposición en la que reunió 25 años de producción audiovisual.
"Decidí presentar mi cuarto de siglo trabajando con medios
audiovisuales en el MAAC porque el contexto era apto: tres salas con las
condiciones necesarias para exhibir videos y la amplitud de criterio de
los encargados del museo para exponer obras que fueron creadas para ser
mostradas en ámbitos domésticos -como la sala de estar de las casas en
el caso de los videos más antiguos- o producidas exclusivamente para ser
vistas por Internet", cuenta este artista y académico del Departamento
de Artes Visuales que hizo uso de esos espacios para distribuir su
interés "por el apropiacionismo, el amor fou y la estética a nivel
usuario a través de estas obras que abarcan distintos estados de ánimo
intelectual y artísticos pero editados en un bucle conceptual, donde
todas las piezas se retroalimentan porque considero que todas son lo
mismo aunque producidas en contextos espacio-temporales muy distintos",
agrega.
Y es que aún cuando en 1993 había decidido prescindir de museos,
galerías, fundaciones y centros culturales, este académico estaba
consciente de que ese "desapego, tarde o temprano, entraría en crisis
cuando fuese invitado al contexto del arte o de la institución
artística, pública o privada. Esto empezó a ocurrir en 1998 y, desde
entonces, mi proyecto Loyola Records ha sido exhibido como obra,
documentación o recensiones, por lo que esta retrospectiva no es más que
la cita y reciclaje de todo lo que hice citando y reciclando
audiovisualmente, otro acontecimiento que interpreto como una versión
más de Fuckin'Marcianos", señala Arturo Cariceo sobre esta muestra con
cuyo título parafrasea una pintura de Gonzalo Díaz, Historia sentimental de la pintura chilena, "aunque
creo que el título es más reconocible en el itinerario icónico del arte
chileno que el tríptico en sí mismo", añade al respecto.
¿Por qué ese título?
El título parafraseado, además de aludir a la fijación con la cita,
apropiación, reproducción, plagio, remake o pastiche al que nos vimos
involucrados -incluso sin saberlo- con esta pintura, también me permitió
contextualizar la cultura de la experimentación, algo de lo que creo
poco se sabe en Chile. Es una realidad espesa que afronto desde ese
jodido concepto del amor fou, de donde extraigo lo sentimental aludido.
¿Cuál es la lectura que haces del trabajo desarrollado en los últimos 25 años?
Me satisface leer la consecuencia con un proyecto artístico, Loyola
Records, que me propuse siendo adolescente. Algo que no ha sido fácil
porque las exigencias de la realidad constantemente boicotean las
utopías, en mi caso, la de repetir durante noventa años una pintura
inconclusa y más aún cuando te involucras en la academia, donde es
cómodo pontificar obviando lo que ocurre fuera de su perímetro, sobre
todo ante el boom de escenas alternativas donde colectivos y labs son
habitualmente síntomas de la inestabilidad laboral. De alguna manera
ves, en retrospectiva, cómo me río del divertimento mainstream e ironizo
el vértigo de la banalidad académicista.

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