viernes, 3 de agosto de 2012
5515 die Zukunft/die Gewesenheit/die Gegenwart
La serena ecuanimidad, lo mismo que la velada
melancolía, del cotidiano “curarse de”, el deslizarse de aquélla a
ésta y viceversa, el resbalar hasta el mal humor, no son ontológicamente
una nada, por muy inadvertidos que resulten estos fenómenos, como lo más
fugaz e indiferente, en apariencia, del “ser ahí”. El hecho de que
los sentimientos puedan trastrocarse y enturbiarse sólo dice que el
“ser ahí” es en cada caso ya siempre en un estado de ánimo. La
ausencia de un estado de ánimo definido, que a menudo se sostiene igual
e incolora largo tiempo y que no debe confundirse con un estado de ánimo
francamente “negativo”, dista tanto de ser una nada, que justamente
en ella se torna el “ser ahí”
insufrible para sí mismo. El
ser es vuelto patente como una carga. Por qué, no se sabe.
Y el “ser ahí” no
puede saber cosa
semejante, porque las posibilidades de “abrir” de que dispone el
conocimiento se quedan demasiado cortas frente al original “abrir”
que es peculiar de los sentimientos, en los cuales el “ser ahí” es
colocado ante su ser como “ahí”. Y a su vez puede un estado de ánimo
“levantado” levantar la patente carga del ser; también esta
posibilidad en el orden de los estados de ánimo “abre” el carácter
de carga del “ser ahí”, aunque sea por la vía paradójica del
levantarla. El estado de ánimo hace patente “cómo le va a uno”. En
este “cómo le va a uno” coloca el estado de ánimo al ser en su
“ahí”.
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