
la alusión fálica, la erección sangrienta que imagina Tarantino supera el límite de lo ridículo. Otro mazo fue el que golpeó sobre el imaginario utópico. Desde Primo Levi a Theodor Adorno, de Godard a Georges Didi-Huberman, de Zoran Music a Giorgio Agamben late un testimonio de todo aquello que los bastardos ignoran.
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