martes, 27 de octubre de 2009


El que tuvo retuvo. Estaba sentado en lo alto de una escalera, abrazado a la bola del mundo tomándose un whisky con dos petardos en los zapatos y un mechero para prenderlos.

Había dejado atrás ochenta kilos y la piel se le había quedado como un perro sharpay de las COES

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