lunes, 28 de septiembre de 2009


anoche vimos el segundo programa de Dragolandia. La cosa fue, de verdad, vomitiba. El ego desmesurado de Sánchez Dragó le lleva, una y otra vez, a hacer el mayor de los ridículos. Comenzó diciendo que "no se había gustado" (en plan taurino) en el programa precedente. Sacó a relucir algo sobre si el público que asistió en director estaba pagado o no y luego alegorizó la cosa intentando, en el colmo de lo patético, expulsar a unas ovejas. No cabe duda: Dragolandia es la borreguez hipertélica. Los diálogos con su hija provocan dolor estomacal y, para colmo de males, entrevistó a Albert Boadella que no pudo decir mayores bobadas por segundo. Hizo una suerte de plan general de anti-contemporaneidad que le llevó a manifestar que abominaba del arte contemporáneo pero también de la gastronomía a la manera del Bulli. No faltaron guiños de pseudoradicalismo. Lo más deplorables es que los que hablaban en plan "coleguitas" son, nada más y nada menos, que los reyes del pesebre del PP en Madrid. Lameculos prodigiosos de Esperanza Aguirre, provocadores penosos que tiran de casticismo para camuflar su servidumbre. El programa para más inri se hace en el teatro del Canal que dirige el mismísimo Boadella que también empleó un minuto para intentar criticar el edificio en el que trabaja y al arquitecto que lo hizo. Antes de todos esos desbarres Dragó había escenificado, una vez más, su muerte metiéndose en un cubo de basura. Lo mejor es que hubieran arrojado, de paso, sus prejuicios, opiniones ramplonas y supina ignorancia al mismo recipiente. Como soy un cretino impar me dejé convencer para grabar un elogio del boxeo que saldrá (ojalá no) en este programa. Conozco el tono y la deriva de Dragó, esto es, sabía que el programa sería una cagada pero lo que no pensé es que mi "modesta colaboración" sería en un espacio tan lamentable. Ahora es demasiado tarde pero eso no impide que recomiende a toda persona mínimamente sensata y, sobre todo, interesada por la cultura que se abstenga de ver ni un segundo de Dragolandia. De lo que estoy convencido es que los que sean un poco lúcidos harán zapping con una velocidad de vértigo. Con tono obsesivo se preguntaban padre e hija (pobre destino estar a la sombra de ese megalómano) si su programa duraría mucho o lo suprimirían pronto. No te preocupes querido recitador de poemas infames, sumo sacerdote de orientalismos decorativos y administrador a diestra y siniestra de pastillas, estarás pontificando hasta el final del Imperio de Esperanza Aguirre o, como eres de chaqueta ligera, con otros políticos que sean lo suficientemente acomplejados e iletrados para soportar tu lengua empalagosa. Larga vida al hombre mítico, a su hija y al bufón de la corte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario