El pegadizo blanco y negro, efectivo, con un toque arty, hace sonar esta imagen como un primo lejano de las jams arrabaleras editadas por la contracultura del rocanrol y el R&B. Fue el debut visual de Los Ramones. Y el comienzo del legado fotográfico de Roberta Bayley. No sé si era el gancho que quería el cuarteto del minuto y medio pero es una de las insignias de la influencia ramonesca. Esta fotografía no nos inserta de lleno en las canciones rápidas y directas sino en la energía primigenia de la retratística colada por el imaginario de los pandilleros. Bayley nos recuerda con estos tipos con casacas y vaqueros las variantes idiolectales del minimalismo más intimidante -pero sin llegar a cortarse las venas o andar llorando-: el del turismo de masas. Del año o la época que le pongamos. Tan simple como ridículamente violenta.
martes, 30 de marzo de 2010
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