jueves, 15 de marzo de 2012



21 de marzo.-Sombrías tinieblas se cernían sobre nosotros; pero de
las profundidades lechosas del océano surgió un resplandorluminoso que se deslizó por los costados de la barca. Estábamos casi abrumados por aquella lluvia de cenizas blanquecinas que caían sobre nosotros y sobre la canoa, pero que se deshacía al caer en el agua. La cima de la catarata se perdía por completo en la oscuridad y en la distancia. Pero era evidente que nos acercábamos a ella a una velocidad espantosa. A intervalos eran visibles en ella unas anchas y claras grietas, aunque sólo momentáneamente, y desde esas grietas, dentro de las cuales había un caos de flotantes y confusas imágenes, soplaban unos vientos impetuosos y poderosos, aunque silenciosos, rasgando en su carrera el océano incendiado

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