Publicaba el New York Times el día de Navidad de 1905 una historia en torno a la leyenda de que el corazón del Rey Sol, Luis XIV, acabó en manos de un inglés que se lo comió, después de tiempo y estando ya momificado. Parece ser que fue saqueado durante la Revolución Francesa. Les traduzco lo que contaba el periódico entonces:
“No hay necesidad de ser escéptico sobre la historia del Sr. Labouchere en la que el deán de Buckland se comió lo que quedaba del corazón momificado de Luis XIV, que ahora descansa en el cuerpo del deán en el cementerio de Islip. […] En sus cenas, a las que asistían líderes del mundo de la ciencia y la literatura, los menús eran a menudo extraños. En una ocasión, lengua de caballo en escabeche fue saboreada con gusto por los invitados hasta que se les comunicó lo que estaban comiendo. El cocodrilo fue servido como una rara delicatesen, en ocasiones hubo cachorros de perro y, frecuentemente, ratones. Otras veces fueron erizos, tortugas, avestruz en conserva y, algunas veces, ratas, ranas y serpientes fueron preparadas para el deleite de los selectos invitados. ¿Qué más posible entonces que el deán pasara un buen rato con el corazón real?"
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