miércoles, 30 de diciembre de 2009


Unas muertes horripilantes por estrangulamiento alertan a Sir Naylan Smith, del Scotland Yard sobre la posibilidad de que el malvado Fu Manchú no esté en realidad muerto, a pesar de haber asistido a su ejecución. Un spray asesino hecho a base de bayas tibetanas parecen estar relacionadas con los crímenes y las pistas conducen hacia el río Támesis.
todo es sospechoso

martes, 29 de diciembre de 2009

El peso lo llevo conmigo siempre. Estoy conbinandolo con trabajo intensivo y jugando a la ruleta. Necesito que pasen estos dias, no por las fiestas en sí, que me gustan , sino porque no hay nadie en ningun sitio, excepto algunos que en este desierto en of aparencen en el mejor de los tonos, como Raul Zamudio que me saluda para llevar a Shanghai la pieza Singin in the rain, aquella que estoy bailando con un paraguas de la mano, unos zapatotes y unos personajes que subidos en un andamio se bajan las bragas y tiran de bragueta meando desde lo alto. Lo que ahora mismo podría ser una decostrucción de equinodermos

lunes, 28 de diciembre de 2009

AHÍ VA, por fín....

caminando por el lado m´´´á´´´´´´´´´´´´s´´´´´´´´´´´´´be´´´´´´´´s´´´´´´´´´´´´´´´´t ii´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´a´´´´´´´´´´´´´´´´´ded´´´´´´´´´´l´´´´a´´´´´´´´

´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´çç´´´´v´´´´´´´´´´´´´i

´´´´da´´´´´´´´´´´





Después de unos días sin pisar por el Bizarro 2.0 aparezco con Jimmy Smith, un organista de Jazz y Funk cojonudo, que me ha recomendado un buen amigo, ahora estoy escuchando unos temas de Mr. Smith en mi equipo de música bizarro: el otro día un vecino nos regaló un grabador-reproductor de los 70, marca Akai, similar a los Revox de entonces, tiene un funcionamiento realmente primitivo, pero el sonido que saca el armatoste es bestial, además está conectado a un sampler enorme, la verdad es que un poco más y me tengo que ir de casa para que entren todos los trastos musicales.


Volviendo a Jimmy Smith; en la siguiente entrada pongo un video, que ahora parece que no le da la gana cargarlos desde este equipo... En la foto de arriba el DUO DINÁMICO: JIMMY SMITH Y WES MONTGOMERY comiendose unos bocatas.







domingo, 27 de diciembre de 2009

Cartas de amor. Melancolía comparada



No me cuento entre los entusiastas de Juan Ramón Jiménez. No al menos todavía. Sé que algún ilustre del contubernio bizarro sí gusta de sus rimas. Este domingo he encontrado un artículo en el diario El País en el que se da noticia de la reedición ampliada de un libro suyo acerca de los intelectuales, el compromiso, la Guerra Civil y otros calores. Aquí se lo dejo.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Otro de armas tomar. Aquí se le puede ver en el primer número de su revista, propinándole un puñetazo al mismísimo Führer. Os dejo aquí los fragmentos más interesantes de su "biografía".

"Durante toda la guerra, el Capitán América sirvió tanto como símbolo de la libertad, como guerrero de América, hasta que en los últimos días de la guerra, el Capitán América junto con Bucky se enfrentaron a otro agente nazi, el Barón Zemo I, quien pretendía lanzar una bomba sobre Londres. Los dos héroes intentaron detener el lanzamiento, saltando sobre la bomba en marcha e intentando desactivarla, el resultado fue la muerte de Bucky, y la caída del Capitán América a las frías aguas del Artico a lo que parecía una muerte segura.

Sin embargo, la fórmula del Supersoldado impidió la cristalización de los fluidos corporales, permitiendo al Capitán América entrar en un estado de animación suspendida. Durante décadas el Capitán América permaneció en un bloque de hielo, y en los últimos años había sido encontrado por unos esquimales, que lo habían confundido con un dios, y lo adoraban como a tal."

"Por aquel entonces, una comisión gubernamental descubrió la identidad de Rogers como Capitán América y le obligó a tomar la decisión más difícil de su vida: o se ponía al servicio del gobierno de nuevo y dejaba de actuar por libre, o abandonaba la identidad del Capitán América. Después de mucho pensarlo, y viendo que no sería capaz de servir a un gobierno con cuyos ideales no comulgaba, Rogers abandonó oficialmente su identidad de Capitán América, para pasar a ser El Capitán. Vistiendo un traje negro similar al que había llevado durante tantos años, y con un escudo que le proporcionó su buen amigo Tony Stark, alias El Hombre de Hierro, Rogers consiguió un nuevo compañero, el Hombre D, y siguió combatiendo al crimen, mientras que la comisión le daba su mítica identidad a John Walker, un antiguo enemigo del Capitán América conocido como el Superpatriota (después USAgent), que le tacharía en su día públicamente de estar viejo y sin fuerzas para defender a su país. Finalmente, el Capitán América descubrió que la Calavera Roja estaba detrás de la comisión que le investigó, y después de derrotar al nuevo Capitán América, recuperó su identidad."

"Hace poco, se descubrió que el suero del Supersoldado estaba empezando a desaparecer, y que cuanto más esfuerzo hacía el Capitán América, más se deterioraba su cuerpo. Ante la disyuntiva de abandonar su trabajo como Capitán América o perjudicar su salud, eligió seguir combatiendo, al tiempo que buscaba una solución. Sin embargo, el colapso físico llegó antes que la solución, y el Capitán América estuvo a punto de morir de un paro cardíaco. Sin embargo, el Capitán América fue salvado por la Calavera Roja, que había obtenido una cura para la degeneración del suero de la villana Superia, que lo había desarrollado a cambio de la obediencia de Iguana. La Calavera compartió la cura con su archienemigo, a cambio de que le ayudara derrotar el Culto del Cubo Cosmico."

"Steve Rogers "murió" el 7 de marzo del 2007 en Captain America #25 (Vol. 5). Esto fue anunciado en una nota de prensa en la web oficial de Marvel, donde se había anunciado previamente el asesinato de un superhéroe.

Su muerte se produce tras el final de la serie limitada Civil War, que finaliza con el Capitán América detenido por la policía por no querer someterse a su inscripción en la Ley de Registro de superhumanos adoptada por el gobierno de los EE.UU. Al ir a entrar en el juzgado para ser procesado, es tiroteado por un francotirador, que lo hiere en el hombro, estómago y pecho. Los disparos efectuados por su amiga Sharon, que estaba bajo control mental, en el estómago resultan ser mortales. Finalmente, muere poco tiempo más tarde en el Hospital Mercy.

Como personaje icónico que es del Universo Marvel, su desaparición ha afectado de forma notable a muchos de sus personajes. Desde Spiderman, Lobezno, hasta Iron Man lo que da como resultado la serie Fallen Son: The Dead of Captain America."

Intelectualismo moral (II)

[¿Cómo seguir?]

Aristóteles resumió en la figura del incontinente las diferentes actitudes que ponen en jaque el intelectualismo moral. Fue al incontinente a quién Aristóteles dedica las páginas más lúcidas de su Ética a Nicómaco. Recojamos algunas de las más interesantes:

“La incontinencia es precipitación o debilidad; unos, en efecto, reflexionan, pero no mantienen lo que han reflexionado a causa de la pasión; otros, por no reflexionar, ceden a sus pasiones; pues son como los que no sienten las cosquillas habiendo primero cosquilleado a los otros, y así, presintiendo y previendo y preparándose ellos mismos y su razón, no son vencidos por la pasión, sea esta agradable o penosa”[1]

“Tampoco el incontinente es como el que sabe y ve, sino como el que está dormido o embriagado. Y obra voluntariamente (pues, en cierto modo, sabe lo que hace y por qué razón lo hace), pero no es malo, puesto que su acción es buena, de modo que sólo es malo a medias. Y no es injusto, pues no pone asechanzas. El uno, en efecto, no es capaz de atenerse a lo que tiene deliberado, y el irritable no delibera en absoluto. Así, el incontinente se parece a una ciudad que decreta todo lo que se debe decretar y que tiene buenas leyes, pero no usa de ellas, como Anaxándrides notó chanceándose:

Decretó la ciudad, a quien nada importan las leyes.”[2]

“El hecho de que tales hombres se expresen en términos de conocimiento masivo nada indica, ya que incluso los que se encuentran bajo la influencia de las pasiones, recitan demostraciones y versos de Empédocles, y los principiantes de una ciencia ensartan frases, pero no saben lo que dicen, pues hay que asimilarlo y esto requiere tiempo; de modo que hemos suponer que los incontinentes hablan, en este caso, como los actores de un teatro”[3]
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[1] Aristóteles: Ética a Nicómaco, 1150b, 19-25

[2] Ibidem, 1152a, 15-24.

[3] Ibid., 1147a, 19-25.

Intelectualismo moral (I)

Desde Sócrates, uno de los problemas fundamentales de la filosofía moral es la diferencia entre el conocimiento del Bien y su realización, esto es, la existencia de individuos que ignoren deliberadamente el Bien como fin de sus acciones a pesar de conocerlo perfectamente, o mejor formulado, la pregunta: ¿por qué el conocimiento de las leyes –estamos hablando por su puesto a una suerte de legalidad ideal— no viene unida a la voluntad por respetarlas? Este es el muro contra el que la filosofía moral, con sus viejas pretensiones intelectualistas, choca constantemente. Se da, por lo tanto, una confrontación. Por un lado se encuentra la teoría- que formularemos en consonancia con la original socrático-platónica- ésta postula lo racional como aquella cumbre del poder espiritual que impele al ejercicio de la voluntad respecto de lo mejor por medio de una serie de verdades “innegables” de manera total e incondicionada; para tal teoría la inmoralidad se asemeja a la confusión, la locura, la ignorancia no reconocida [1], que lo mismo son. Por otro lado la ya mentada praxis del individuo medio que, tal como expresó brillantemente Doctoievski en sus “Memorias del Subsuelo”, “prefiere actuar como se le antoja, y no como le dicen la razón y sus intereses.” “De manera que la libre e ilimitada elección de uno, el capricho individual, aunque sea el más loco, producto de una fantasía llevada a veces hasta el frenesí, esa es la ventaja más ventajosa que no puede ser incorporada a ninguna tabla ni escala, y que convierte en polvo, con su solo contacto, todos los sistemas y todas las teorías.” Ante el determinismo moral encubierto bajo la teoría moral intelectualista, el individuo prefiere actuar estúpida e irracionalmente a sacrificar su idea de la libertad.
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[1] Ignorancia no reconocida como contraposición a la ignorancia reconocida (“sólo sé que no se nada”), única vía, según Sócrates, de conocimiento posible –en vida, se presupone-. Paradójicas a más no poder son las consecuencias derivadas para el ámbito de la moral, que surgen de la confluencia entre esta –llamémoslo así- “modestia intelectual” (1) y el intelectualismo moral (2); a saber: (1) Ignoramos la esencia eidética última del Bien en sí. (2) Conocer y realizar el bien son uno y lo mismo; sólo quien conoce el Bien es capaz de realizarlo. (Conclusión) “Sólo sabemos que no sabemos actuar bien conscientemente”, esto es, actuamos bien por mera coincidencia azarosa entre la Idea y las costumbres específicas de la polis o actuamos denostadamente contra el Bien. En este sentido, se encuentran en Sócrates los pilares para “una moral de la inacción y la pasividad” que será más tarde desarrollada por las escuelas socráticas (estoicos, escépticos, y epicúreos). Frente a una moral de la acción, basada en la implicación activa para con la realidad, en la respuesta práctica como modo último del compromiso social, Sócrates preconiza una moral de pasividad ante el devenir, la propia del filósofo: la inactividad ataráxica propia de aquél que contempla distanciada y reflexivamente el mal “de los otros”, siempre controladas sus pasiones por una voluntad firme y un hieratismo racionalista, contemplativo.

La única alternativa moralmente satisfactoria a esta aporía se encuentra planteada al final del Menón: tan sólo a través del milagro podrá salvarse la polis, a través de un individuo que, tocado por los dioses, comulgue con el Bien en sí por medio de una inspiración (erótica). He aquí el salto irracionalista en el centro del esquema político-filosófico de Platón: la deificación de Sócrates como intermediario deimónico entre el mundo intelectual y el sensible, mesias absoluto, y primer mártir, de la Razón. Sócrates, condenado justamente, él, el primero de los nuevos dioses introducidos en la polis, el dios de la dialéctica, la ironía y la duda, que echará a perder a toda una generación de patriotas convencidos con el nomos atenienses, haciendo de ellos una panda de escépticos o idealistas.

“SOCRATES.— […] En cuanto a lo que ahora nos concierne, si en todo nuestro razonamiento hemos indagado y hablado bien, la virtud no se daría ni por naturaleza ni sería enseñable, sino que resultaría de un don divino, sin que aquellos que la reciban lo sepan, a menos que entre los hombres políticos, haya uno capaz de hacer políticos también a los demás. Y si lo hubiese, de él casi se podría afirmar que es, entre los vivos, como Homero afirmó que era Tiresias entre los muertos, al decir de él que era el “único capaz de percibir” en el Hades, mientras “los demás eran únicamente sombras errantes”. Y éste, aquí arriba, sería precisamente, con respecto a la virtud, como una realidad entre las sombras. […] De este razonamiento, pues, Menón, parece que la virtud se da por un don divino a quien le llega.” (Platón: Menón, 99e – 100b.)

Batman, con la gloriosa «El caballero oscuro», ya tiene su película. El que también merecería algo así es el superhéroe definitivo: el irónico Spiderman, el dandy de la Marvel.

En lugar de eso escogieron al inútil de Tobey Maguire (quien en la fallida «Las normas de la casa de la sidra» ya demostró que no servía para el oficio; un tipo que es al celuloide lo que Álex Ubago a la música contemporánea) y se dedicaron a facturar anuncios de videojuegos.

Espero que alguien, algún día, ponga remedio a semejante dislate.


«The Dark Knight» («El caballero oscuro») es arte. Así de simple. Celebro su desembarco en el foro bizarro.

La conversación que sostienen el Joker ―colgado cabeza abajo― y Batman cerca del final es digna del mejor Baudrillard.

Hay muchos otros momentos de enjundia. Y, además, la película es entretenida a más no poder.

Esto marcha.


Ecce Homo. Nunca mejor dicho.
joker había leído a Sarte. De eso no tenemos ninguna duda. Los dos barcos con los detonadores del "otro" y los dilemas morales de los "buenos" y "los malos" (aquellos que ya habrían decidido ponerse de la mano de la muerte) llevan a un callejón sin salida. Por otro lado la dialéctica del amo y del esclavo (la presencia de los secuestrados como secuestradores) nos hace pensar que tampoco estaba lejos de la lectura que Kojeve hace de Hegel. El Joker es algo más que un decisionistas, se trata de un maestro cínico o, para ser más preciso, otra manifestación de Sócrates frenético. No parece que le interese el dinero ni el poder, tan sólo ama el caos y, en cada ocasión, hace un relato sarcástico sobre el origen de su trágica sonrisa. Frente al capitalismo aventurero o a la ideología del salvador individual, Joker sabe que su mecanismo (la mano invisible de Smith) puede continuar incluso cuando él se encuentra encarcelado. La patética decisión de salvar a la justicia en vez de al amor no va contra el erotismo platónico ni contra la Teogonia de Hesiodo, es la pura coartada del "ideólogo". ¿Nos creemos que el millonario iría a sacar del apuro a un fiscal chuleras en vez de a una novia regordeta? Seamos sensatos. Todo ese juego de las elecciones y del destino (la moneda al aire o incluso de dos caras) es estructuralmente falso. Todo está decidido. Al joker se le corre el maquillaje, su rostro sudado (baudeleriano en el mejor sentido del término) me recuerda aquella escena de "Muerte en Venecia). La peste se extiende irremediablemente, el amor es una tortura, los viejos mitos están demasiado lejos y en el borde de la playa, antes de que el turismo lo masacre todo hay un instante para un adaggio y una despedida. Todo camuflaje muestra lo que oculta. El joker sale del hospital vestido de travelo y, como un niño destrozón, disfruta de la detonación. Eso queda a sus espaldas. Es, acaso exagero, una nueva imagen del ángel de la historia (como aquel de Klee inmortalizado por Benjamin): las ruinas crecen hasta el cielo o, peor, impone una "memoria dañada" a la que habrá que volver siempre. Cara pintarrajeada de blanco como una vieja pared encalada y llena de desconchones y rostro jánico calcinado y apolíneo. Justicia azarosa y cinismo riguroso. Batman no pinta nada con su voz impostada y su motocicleta de ruedas tochísimas (Manuel no paraba de indicar que con eso no podía ir sino a la velocidad de la tortuga); se enfada porque le han salido competidores o gente que suplanta su "personalidad". Están disfrazados con músculos de goma-espuma. ¿Qué mal le hace que se genere un mcdonaldización de sus "heroísmo"? Tal vez lo único que le importa es que él no ha cedido la patente. Su gabinete de I+D+I le deja porque no están dispuestos a asumir la panoptización-digital del mundo. Ni siquiera para hacer "war against terrorism". Menudas mentiras hipócritas. El hombre recto y sabedor de que todo es una falacia es el sirviente británico que no duda en poner la carta patética junto al zumo para luego quemarla sin contemplaciones. Los mensajitos melodramáticos pasan a mejor vida, vale decir, a la verdad de la ceniza. Gracias al joker la ciudad de Gotham hace repoker, sin él no se puede jugar ni al mus.

viernes, 25 de diciembre de 2009


Batman ha muerto. Me acabo de enterar. Eso afirma Wikipedia. Desde el verano de este año que está apunto de finalizar, Batman ya no aparece en su comic. Ha sustituido por Dick Grayson (el primer Robin), quien ejerce desde entonces como el nuevo «guardián de Gotham City».
Siempre pensé que había algo de trepa en Robin, es pusilánime impostor. Despues de ver esta imagen y saber de esta noticia no me cabe la menor duda.

PD: David, mañana recupero el debate acerca del arte como mercancía.

Batman es el superhéroe más eficaz y expeditivo en sus azañas; el complejo y costoso arsenal que le acompaña le provee de una victoria, ante el mal, segura. Su traje no es una mera tela que cubra la desnudez de su identidad confusa y monstruosa, en última instancia, vacía, propia de un ser prescindible, como sucede en el caso de Superman, sino un complejo armazón de artilugios que realza su figura musculosa a causa de horas de gimnasio y la dieta de la lechuga. El primer heroe surgido del fitness; Batman se muestra y realza en vez de esconderse; su Batmovil es de todo menos sutil.
[ Acabo de ver "El caballero oscuro" la última película sobre la figura de Batman. Maravillosa. Me ha gustado de cabo a rabo y me parece que las historias de superheroes dan mucho juego a nivel teórico como imagen de la sociedad contemporanea. Me gustaría destacar un momento en especial del film: hacia el comienzo, cuando Batman se ve enfrascado en un combate a dos manos contra los perros de "los malos" y unos imitadores que, penosamente armados, intentan imponer de manera arbitraria la "justicia por su mano". Una vez ha terminado el rifirrafe, la cámara nos muestra a los imitadores reducidos contra un tabique, atados, los rostros descubiertos:
-¿Quién eres tú -dicen los imitadores refiriendose al Batman "original"- para poseer la patente de la justicia? ¿Qué es lo que nos diferencia a nosotros de ti?
-Yo no utilizo gomaespuma.
]



Batman es un superhéroe sutilmente diferente al resto. A diferencia de otros superhéroes, carece de un poder sobrenatural que le predetermine como un ser extraño, otro respecto de la sociedad. Superman, como figura paradigmática del prototipo “superhéroe”, no es más que la imagen del inmigrante venido de otro planeta que no consigue insertarse dentro de la sociedad y sus instituciones jurídicas; un ser extraño y monstruoso que carece de libertad a la hora de determinar su porvenir; no le queda otra alternativa que llegar a ser quien es: un justiciero, un hombre de bien o un otro deber-ser, lo mismo da. Se ve abocado al bien por una suerte de destino que viene determinado por su naturaleza, la justicia es para él una necesidad, no un ejercicio de su libre arbitrio. Superman no tiene otra alternativa que imponer una legislación de justiciero particular que corrija las desigualdades fomentadas por el sistema –una suerte de Robin Hood del deber—, impidiendo los crímenes (y por tanto las desigualdades) antes de que estos se cometan. Nos encontramos ante una moral encarnada en la figura del individualismo (el superhéroe como superego) que no coincide con el marco legislativo de carácter colectivo. Una moral que se “toma la justicia por su mano” y no por ello deja de realizar el “bien”; una moral fundada en una suerte de derecho divino que parece recaer de forma absoluta en los individuos, y sólo en ellos, como depositarios de un derecho inalienable (o eso dicen en E.E.U.U.): el de la autodefensa (que suele estar unido al derecho de posesión de armas); una moral del más allá de la justicia -con minúscula: la social o positiva- y que sin embargo es permitida por ésta, y además coincide con aquella, la Justicia -con mayúscula: la divina o (sobre)natural-.

En conclusión: devenir superhéroe para sí y sus allegados (la siempre mentada “comunity” incluida) es el objetivo de todo pater familias que sea digno de ello. Superman encarna, por lo tanto, las contradicciones del sistema jurídico estadounidense que convive día a día con sociedad de individuos armados para su propia seguridad, individuos que no reconocen al sistema policial como solución al crimen.

Batman comparte con el prototipo superheroico de Superman el carácter ambiguo de su identidad personal: a medio camino entre el anonimato social del funcionario con nombre y apellido (Clark Kent) y el reconocimiento público por parte de todos, como si de una celebrity más se tratara, en virtud de un nombre que no significa nada (Superman). Sin embargo, a diferencia de Superman, que es el símbolo de la moral del funcionario como individuo escindido y “medida de todas las cosas”, Batman representa la moral del empresario capitalista, que impone convencionalmente sus propias condiciones de superheroicidad. A diferencia de los otros superhéroes, Bruce Wayne sí es un individuo como otro cualquiera que, sin embargo, posee el más eficaz y verdadero de los superpoderes: el capital. Su alterego superheroico es tan sólo la puesta a punto del dollar en favor de la Justicia de los individuos que “se toman la justicia por su mano”, en la forma de un sacrificio voluntario y personal para con los otros; una moralidad más cercana a la beneficiencia que a la hacienda pública, y que en definitiva emana de un ejercicio de la voluntad caritativa del individuo, esto es, un moral restringida al ámbito de lo privado. Aquí ya podemos encontrar una sutil diferencia con el modelo precedente: devenir superhéroe no se encuentra limitado a un número restringido de individuos predeterminados naturalmente, es producto de una elección libre, consciente y voluntaria, requiere una conciencia estable, unos principios apodícticamente fundados, y depende de una determinación al trabajo esforzado, así como del capital que uno posea para el ejercicio del Bien. Es el momento en que se ve truncada la creencia inserta en la trama de Superman, de cuño protestante, que evidencie una suerte de Providencia divina determinante, con total fiabilidad, del porvenir de los individuos. Se produce, como digo, el choque entre el leit motiv determinista del protestantismo con la lógica social propia del Far West,” la tierra de las oportunidades”, allí donde cualquiera puede llegar a ser quién quiera. Batman supone un cambio de registro: allí donde la naturaleza del nacimiento era el principio divisor entre la clase alta de los superhéroes (o supervillanos) y el resto de los pobres mortales, ahora es el capital el que divide la sociedad entre los superhéroes (o supervillanos) potenciales y el resto de los pobres mortales.