domingo, 28 de diciembre de 2014

Right Said Romera













sábado, 27 de diciembre de 2014

Operación Même










martes, 16 de diciembre de 2014

La relativización de la realidad (La Mancha Lacaniana. Ep.XIII)


Estaba literalmente dentro de un rosetón gótico de los tiempos de la reconquista castellana, cuando recordé los intentos fallidos de Cervantes por procurarse un lugar en América: sea en el cargo de contador del reino de Nueva Navarra, gobernador de Soconusco en Guatemala, magistrado en la ciudad de La Paz o tesorero de galeras en Cartagena de Indias. Aquella ilusión indiana que estaba rememorando desde una medieval ventana circular calada, me pareció tan radialmente invisible como el sentido de la traperiada para deformar los rayos de la luz, en la que estaba andinamente apoyado.

lunes, 15 de diciembre de 2014

La Mancha Lacaniana (Episodio XI)


Recortando mi perfil andino en las altas planicies donde el ingenioso hidalgo encontró la bacía de azófar. La invisibilidad del yelmo de Mambrino aún es buscada por sus pares incluso en la remota tierra de la Mistral, Neruda, Huidobro, de Rokha, los Mandrágora, Jorodowsky, Parra, Lihn, Juan Luis Martínez, Rodrigo Lira y Bolaños, donde cuentan que el famoso almete sigue traslandándose de cabeza en cabeza.

La Mancha Lacaniana (Episodio XII)


Urgando el método de Cervantes en las localidades manchegas de "cuyo nombre no quiero acordarme" para evitar caer en las inconsistencias de Maskelyne. Mientras dilucido la lograda e impertinente "misdirection" del otrora esclavo, fallido dramaturgo o recaudador de impuestos, el estar expuesto a este tipo invisibilidad me hizo sentir como Susan Richards (la mujer invisible de los Cuatro Fantásticos) cuando estuvo expuesta al elevado contenido energético de la radiación cósmica, lo que terminó alterando sus células, canalizando su poder en las neuronas e incrementando la concentración de iones que hay dentro de ellas. Menuda manera para sugerir o resaltar lo que no se desea nombrar, ver, recordar.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Las tiernas confidencias sobre sinestesia e isomorfismo (a propósito de Dorotea de la bella Clara)









The Wandering Cloud: Opening Scene

una remezcla de la poesia, el sentimiento cazador y la sandia

José Lezama Lima: "sólo lo difícil es estimulante"
The Wayward Cloud is available on DVD in the UK from Axiom Films. Electric Sheep Magazine is a product of the rather wonderful Wallflower Press, a fairly new publisher specialising in cinema and the moving image, and you can treat yourself to regular doses of strange and independent magazines by subscribing to STACK.

sábado, 13 de diciembre de 2014

rulfo

LUVINA: LA BILIS NEGRA EN EL CUENTO DE JUAN RULFO. Mucho se habla de la melancolía, incluso catalogándola como una de las grandes enfermedades del siglo de oro. Lo que muy pocos se debaten es su beneficio de apertura hacia el sueño y la gracia, esos dos estados virtuosos con los que es posible construir descripciones solemnes y estéticas. Quizás muchas de las apreciadas obras literarias, partieron de este supuesto, algunas bajo la intención de sublimar el desconsuelo y otras como resultado inconsciente de un embeleso en los suspiros. Sea como fuere, el texto melancólico nos envuelve y nos transporta… ¿Y hacia dónde nos lleva su fuerte viento? Probablemente hacia nosotros mismos, posiblemente hacia la sorpresa de escucharnos a través de los diálogos de sentencias ajenas, esas que de vez en cuando leemos en un libro.

la bilis negra

en el "tipo bilioso" habría un predominio de la bilis sobre los otros humores, pero su temperatura se mantendría en equilibrio. Y esto es lo que garantizaría la creatividad y la obra genial, por cuanto un exceso de temperatura llevaría a las manifestaciones patológica que hoy conocemos como fase de euforia o manía, mientas que un enfriamiento excesivo conduciría a la depresión patológica (op. cit.).

toda la comida que vamos a necesitar en el desierto

media vuelta en la cama. las alteraciones del cuerpo causan dolor , dolor en el hombro, se aplastan los musculos contra mis huesos y responde mi cabeza con sueños de medicos. Esta actuación debe estar encaminada a estimular una actitud de sufrimiento, muerte y felicidad. los medicos, en particular una, admirando mi polla y cogiendo apuntes de ella dio un sentido nuevo a tan admirable miembro muscular,temperamental musculo de carácter, flexibilidad y autoestima. me piden permiso para estudiar si crece mas o menos o igual que hace años. pensando ciertamente en todo lo que estaba ocurriendo pase de repente a la actividad de estímulos de naturaleza nociva eso que habia analizado hace tiempo y mitigado por analgésicos . senti un hormiguillo en la polla, hablandome de su estado actual, firme de un cuerpo que no existe.el sueño después que ha sucedido.
o como dice curro romero, soñe que una vaca me comia un pie, un sueño muy extraño, tan extraño como poder hablar de toros con alguien que entienda el arte como yo.

jueves, 11 de diciembre de 2014

La Mancha Lacaniana (2014-2015)



“La Mancha Lacaniana” es una road movie manchega y un spaghetti western quijotesco, “rodada” en la ruta literaria dibujada por Cervantes en los parajes de La Mancha. La trama es la materialización de un largo y añorado sueño: reflexionar sobre los enigmas de la imaginación y los juegos de prestidigitación artística, en las tierras del Quijote. Para un sudamericano vanidoso de su mestizaje no sólo cultural, como soy, cuyas astucias y destrezas artísticas son deudoras del creacionismo y la antipoesía, instalarse en las llanuras rojizas y las lagunas multicolores de La Mancha es cumplir el deseo de contar la historia del hidalgo manchego enfrentando gigantes en un delirante viaje en el tiempo, visionando miradas cómplices al Quijote de Borges, guiños al de Welles y coqueteos al de Gilliam. La trama parte con la revelación al equipo de producción, en la Cueva de Montesinos, de los delirios de grandeza, la sublimación del absurdo y el déficit de ficción frente a la realidad en el mundo del arte.


transformar el mundo, los prisioneros y del Espejo Humeante

el control de nuestra imagen se nos esfuma porque queremos o porque no deja de ser un reto que se desmorona con la mirada. entre la espada y la pared, es uno que te insulta y juega al reto de la locura de enterrar su rostro y la voz en un espacio asi de pequeño. unas figuras geométricas en las cenizas del fuego te cambia el riptus. cabeza torreon del castillo. llene de basura la tumba porque no tenia motivo para llenarla con mis huesos. que aventura puedes tener sin fracasar?.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

De la admirable invisibilidad, cuyo afán de no ser vista o rehuir ser vista hace que se tenga esta aventura por apócrifa.



Mis obras son incómodas porque no han sido pensadas para estar impresas en cibachrome, tampoco ser exhibidas en museos ni fuera de ellos. Sí, es una paradoja pero es así. Son imágenes que en el mejor de los casos pueden ser vistas en la pantalla de un ordenador, una tableta o un teléfono móvil sin dar cuenta a cabalidad de lo que en realidad son. Tienen de la fotografía el afán documental como del cine la ilusión de los efectos especiales pero sin desear ser parte de la una ni la otra. Habitualmente, las publico en medios electrónicos como si de un cuadro en el muro se trataran, sin desconsiderar mi profundo distanciamiento y desinterés por las relaciones dependientes entre el artista y el espectador cuando las hago públicas. En este sentido, mi quehacer es desconcertante. Tampoco ignoro, por estética o gusto, que mis imágenes son fetichizables pero escurridizas ante la posibilidad de ser reducidas a un tipo de cosa que niegue su intangibilidad. Ya que son eso, imágenes que habitan un espacio intangible de flujos creativos en constante evolución y que fuera de ese lugar sólo pueden existir en calidad de ruinas, unos vestigios siempre insuficientes para dar cuenta de la experiencia artística de la que han sido parte. Fragmentos que plantean escollos de re-creación o sobreinterpretación de lo documentado.

martes, 9 de diciembre de 2014

en casa del alcalde con coto matamoros

podemos sentirnos puercos espines brindando con champagne

El hombre puerco-espin En el año de 1731 Mr. Juan Machin dio noticia a la Real Sociedad de Londres de un joven de cosa de catorce años, hijo de un labrador de las inmediaciones de Euston-hall en el condado de Suffolk, que tenía aquellos caracteres singulares que son peculiares a una variedad muy rara de la especie humana, que por ellos ha recibido el nombre de hombres puerco-espines. En lugar de pellejo estaba envuelto su cuerpo en una costra de color oscuro, que se asemejaba a una corteza de árbol, o cuero arrugado, y tenía unas cerdas como púas en algunos puntos. Esta costra cubría todo su cuerpo excepto la cara, las palmas de las manos y plantas de los pies: ofreciendo así un aspecto como si estuviera vestido; y habría sido muy difícil indicar otra cosa de cubierta que se le pareciese. Algunas personas la consideraban como una verruga extendida, o muchas verrugas unidas y entendidas por todo el cuerpo. Otros las comparaban con la piel del elefante o la que rodea los pies del rinoceronte; al paso que otros la comparaban a la de la vaca marina, o a la corteza de árbol. Las partes donde había púas, que estaban principalmente hacia el vientre y a los lados del cuerpo, hacían un ruido como rechinando, cuando se movía, al modo de las púas de un erizo, y parecían como cortadas a menos de una pulgada de la piel, aunque probablemente no eran más que unas prolongaciones de los poros de la piel, que habían crecido hasta el grueso de un hilo carreto o bramante; pero estaban tan espesas como las cerdas de un cepillo, y como estas, parecían cortadas todas iguales, y como del largo de media pulgada. Vistas con lente parecían de varias figuras, cóncavas unas, aplastadas por la punta otras, y aun algunas de figura cónica. Esta piel era callosa e insensible toda a los contactos exteriores; pero había una circunstancia muy notable, y era que todos los años por el otoño solía crecer hasta el largo de tres cuartos de pulgada, y entonces se despegaba y la reemplazaba una piel nueva, que salía debajo de la antigua. Esta cubierta rugosa no causaba al muchacho ni dolor ni molestia, excepto cuando se ocupaba en un trabajo fuerte, que se le pegaban y luego se separaban brotando una poca de sangre. Su cara era de proporcionadas facciones y de buen color, y más bien era demasiado colorado; pero las palmas de sus manos no eran más ásperas que lo son comúnmente en los artesanos y labradores. La estatura era proporcionada a su edad. Su cuerpo y piernas derechos y además bien formados, y nada tenían de irregular ni en sus hábitos ni en su disposición o genio. Refería su padre que cuando nació, la piel de este niño era igual a la de los otros, y que así continuó por espacio de siete u ocho semanas; y entonces sin causa aparente, y aun sin que se sintiera enfermo empezó a ponerse amarillo como si tuviera ictericia: que después se fue volviendo negro, y por último quedó de la forma que hemos descrito. Cuando creció este joven, ganaba su vida dejándose ver y anunciándose por el hombre puerco-espín: enseñando también a un hijo suyo, en el mismo estado que él. Se llamaba Eduardo Lambert, y a la edad de cuarenta años, le observó y descubrió Mr. Henrique Baker, de esta manera: “Es bien parecido y bien formado, y de un aspecto sano y florido; y cuando tiene cubiertas sus manos y su cuerpo, en nada se diferencia de los demás hombres; pero fuera del rostro, las palmas de las manos y las plantas de los pies, todo el resto de su piel estaba cubierto del mismo modo que lo tenía el año de 1731. Esta costra me parecía semejante a un sinnúmero de excrecencias, de color pardo oscuro, y de figura cilíndrica, de igual largo, y tan apiñadas como es posible; pero tan tiesas y elásticas, que cuando se pasa la mano por encima de ellas hacían ruido rechinando.” “Cuando yo vi este hombre, por septiembre último, se le estaban cayendo las verrugas en muchas partes, y le salían nuevas de un pardo claro en lugar de las otras, y me aseguró que esto le sucedía cada año en uno de los meses del otoño o del invierno; y entonces lo sangraban, para precaver alguna ligera indisposición que le solía sobrevenir cuando aquella caída. En otras temporadas le son incómodas, pero solo con el roce de la camisa, lo que le sucede ligeramente; y cuando llegan á todo su incremento, que tienen en algunas partes cerca de una pulgada, le es muy molesto el contacto de su ropa.”
“Ha tenido ya las viruelas, y dos veces se le ha administrado el mercurio, con la esperanza de librarle de tan desagradable costra; y en todas estas ocasiones se le han caído las excrecencias, y la piel le ha quedado blanca y suave como la de cualquiera otra persona: pero luego que se ha recobrado, se ha vuelto a poner como estaba antes. En todo lo demás de su vida ha gozado de muy buena salud.” “Pero lo más extraordinario de la vida de este hombre y ciertamente la única razón de molestar yo a usted con esta carta, es que ha tenido seis hijos, todos cubiertos de la misma costra que él; habiéndoseles presentado esta deformidad, del mismo modo que le sucedió a él, a las nueve semanas de nacidos. Solo vive ahora uno de ellos, y es un muchacho hermoso, y está exactamente en la misma disposición que su padre; y que por tanto es excusado repetir. También ha pasado las viruelas, y entonces estuvo libre de su deformidad.” “Parece por consiguiente y sin género de duda que por medio de este hombre puede propagarse una casta de gentes que tengan la misma costra que él; y si así sucediese, y se borrase de la memoria el origen accidental que tuvo, es probable que se creyesen tales hombres de una especie diferente en el género humano; consideración que casi nos hace creer que la piel oscura de los negros, y otras muchas diferencias semejantes, tal vez han podido provenir en su principio de una causa accidental como aquella.” El mozo último de que se trata, casó después, y tuvo dos hijos que en todo se le parecían así a él como a su abuelo. En 180l se fueron a Alemania, en donde se dejaban ver de las gentes. El Dr. Blumenbach que los vio, dice que las palmas de sus manos y plantas de sus pies, eran como las comunes, y que aun le parecían ser más bien encarnadas. El Dr. Autenrieth que trató de descubrir una analogía entre estos hombres y los negros, y que hasta sospecha que sean africanos de origen, piensa que las plantas de los pies de ambos hermanos, están planas y lisas lo mismo que las de los negros así niños como adultos. La piel de las otras partes del cuerpo estaba cubierta de excrecencias córneas, o puntas más o menos grandes que variaban en su consistencia córnea. Las más largas, fuertes y duras, estaban en los antebrazos y muslos; y las más delgadas en algunos parajes del vientre. Las del hermano más joven eran por lo común menores, y en varios lugares estaba la piel suave y era comparable a un tafilete negro ordinario. Las mayores tenían de largo cuatro o cinco líneas, y una figura prismática irregular con las esquinas romas; y muchas parecían como si las hubiesen aplastado. De ellas las más gruesas tenían como tres líneas de diámetro por su extremidad, y estaban o hendidas o ahorquilladas. En cuanto a la figura cilíndrica que les atribuye Baker, (que además las supone huecas) el Doctor Blumenbach apenas observó así una de ellas. El Dr. Telesio notó que aquellos hombres parecían en el otoño otra cosa de lo que eran en las otras estaciones, porque entonces mudaban su piel exterior o costra antigua, y parecían con manchas o pintas. Examinando los fragmentos de aquellas excrecencias, halló que las que él rompía eran más blandas al tacto que las que se le caían espontáneamente tal vez por causa de que las primeras aun estaban bajo la influencia de los vasos exhalantes y de las glándulas sebáceas; Las excrecencias más largas y gruesas parecieron al Dr. Blumembach como las que tiene el elefante debajo de la frente y sobre la poboscis o trompa; su color era por lo común de castaña o pardo de café; pero esto solo era en la superficie, porque la parte inferior, en especial en las mayores, era de un gris amarillento. Alguna parte de los pelos de la piel parecían como nacidos en la misma sustancia córnea de las excrecencias. La piel del copete de la cabeza en la parte anterior, especialmente en el de más edad, formaba una suerte de callosidad ancha algo parecida al copete del camello. En cuanto a la traspiración de estos hombres; nada tenía de particular, ni aun de alguno perceptible. El Dr. Blumembach da noticia de dos casos análogos verdaderamente a los de estos hombres puerco-espines, de que tuvo conocimiento. El uno era el del muchacho de Bifeglia, del cual Stalp Vanderwiel ha dado una descripción y una figura en sus observaciones; y el otro fue el de una niña de Viena descrita por el profesor Brambilla en sus Memorias de la Academia Médico-Quirúrgica de Jos. En ambos estaba la cara libre de excrecencias, pero las palmas de las manos y las plantas de los pies estaban con ellas muy desfiguradas.
Memorias de la sociedad económica amigos del país, vol XVIII, 1844, pp. 64-66.