martes, 8 de diciembre de 2009


Una de las tentativas de solucionar la imposible transición entre lo infinito y lo finito era, en la Antigüedad, el apelar a una caída desde un estado a otro (Prometeo, el Carro Alado del Fedro, el Pecado Original, etc). En esta caída ontológica cobraban una importancia remarcable lethe (el olvido) y aletheia (propiamente el no olvido). Pues bien, aquello que en época era una figura mítica para la exposición del discurso, es hoy día una realida que “hemos visto todos ya en televisión” ("antes de que sucediera", añadiríamos): la caída de las Torres Gemelas. Esta caida simboliza al mismo tiempo (1) la figura de la interconexión inmediata creada por los medios de comunicación que reprodujeron, o mejor dicho, produjeron el Acontecimiento (Ereignis) y (2) una Torre de Babel duplicada –así mismo originada en el seno de la arrogancia humana- que genera(n) tras su caída una incomunicación entre sistemas, a saber: entre el sistema del (contra)terrorismo estatal estadounidense y el terrorismo celular del fundamentalismo islámico. Se hace necesario, a partir de entonces, el ejercicio de la traducción simultánea [Traducción ¿al ámbito de la moral y/o de la religión? Eso parecería sugerir la división de la contienda entre el Eje del Bien y el Eje del Mal realizada por un bando, y la división realizada por el otro bando entre yihadines e infieles capitalistas-dominadores] No obstante, esto se trata de arena de otro costal; aquí lo que nos interesa es la figura del “Salto del Ángel” (“Caída del Ángel”, diríamos nosotros) que representa con su vuelo el tránsito entre lo finito y lo infinito, el tránsito desde la existencia nadificante del sujeto paranoico-alienante-contemporáneo, a la figura mitificada de la víctima cuya memoria (aletheia de nuevo) perdurará hipotéticamente de manera infinita en la retina colectiva, y con ella el recuerdo por los agravios cometidos.
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"Dice un filósofo francés que, desde el pecado original, hemos cesado de contemplar las cosas en sí. Si esta oposición ha de tener algún sentido racional, habrá que pensar el pecado original en su sentido platónico, como la salida del estado absoluto. Pero, en tal caso, debería haber dicho más bien lo contrario; que desde que dejamos de contemplar las cosas somos seres caidos." [1]

[EL OJO CEGADO CREA EL INFIERNO]

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[1] F. W. J. von Schelling: Cartas sobre Dogmatismo y Criticismo, Ed. Tecnos, Madrid, 1993, p. 79.

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