* Su hermana Paca está más alterada, al afrontar sola por primera vez el periodo de hibernación
* La osa lleva más de dos semanas en su guarida para afrontar el invierno
Se acerca el invierno y los osos del cercado de Santo Adriano (Asturias) se preparan para la hibernación. Alguno se ha adelantado a sus compañeros y eso es una buena señal; Tola, la osa con la que flirteó Furaco durante la pasada primavera en un intento porque tuviera descendencia, hace semanas que no se deja ver por sus cuidadores. Este ha sido el tercer fin de semana que «está guardada», según indica el presidente de la Fundación Oso Asturias, Carlos Zapico, quien rápidamente apunta que es un buen síntoma ante la posibilidad de que esté preñada: «Es una señal imprescindible, porque si no hubiera iniciado ya la hibernación significaría que no está gestante. Si ahora apareciera por el recinto indicaría que su instinto no le estará marcando la necesidad de guardar energías para sacar adelante a su prole. Pero lo que está claro es que tenemos que esperar a que termine la hibernación para saber si, finalmente, tiene crías o no».
Ante esas expectativas de éxito, los cuidadores están centrando sus miradas en los otros dos inquilinos del cercado osero. Tanto Paca como Furaco están en el recinto cerrado y no han sido trasladados al monte. Carlos Zapico indica que «Paca tiene un comportamiento distinto al que nos tiene acostumbrados, ya que está más alterada y descontrolada por la separación de su hermana. Está distinta. Creo que no entendió bien la situación y está muy nerviosa».
Y es que hay una razón de peso para ese comportamiento de la osa: «Es la primera vez que Paca y Tola hibernarán separadas. Hasta ahora, aunque pasaban el invierno en cuevas diferentes, estaban en la misma zona, en el monte, pero ahora Paca se ha quedado en el cercado de abajo y eso le está afectando».
Por contra, Furaco sigue su vida a su ritmo, sin mayores problemas, como viene siendo habitual desde su llegada al recinto de Santo Adriano en abril de 2008 procedente del parque de Cabárceno. Carlos Zapico informó de que el macho «está tranquilo en su cuadra. Lo que sí ha hecho es meter ramas, hojas y hierbas para ir haciendo su cama».
El osos fue traído desde Cantabria en un último intento de que las dos osas asturianas -criadas en cautividad desde que un furtivo acabara con la vida de su madre- pudieran tener descendencia. No se trata de perpetuar la especie del oso pardo cantábrico, ya que Furaco es un oso del Pirineo, sino más bien una cuestión sentimental, ya que Paca y Tola rondan los 20 años y se encuentran en el final de su vida reproductiva. En 2008 los expertos eran conscientes de que quizá era ya demasiado tarde para que se produjera alguna monta satisfactoria, pero ese año sirvió, al menos, para que las hembras se acostumbraran a la presencia del macho.
No fue hasta la pasada primavera, a principios de mayo, cuando Furaco y Tola tuvieron sus encuentros amorosos. La otra osa, no obstante, no toleró que el macho se le acercara, por lo que todas las expectativas de que pudiera haber descendencia en Santo Adriano se centraron en Tola.
Por el momento, se están cumpliendo todas las pautas de comportamiento previsto por los expertos ante un posible embarazo de la osa. Es imposible saber si Tola se encuentra en estado de gestación, ya que en caso de que las cópulas hayan tenido éxito, el embrión se encontraría latente en la hembra y no se prendería hasta que haya comenzado la hibernación. Será cuando este periodo termine y la osa salga de la cueva cuando se sepa si hay oseznos o no. Además, en esa época también será buena señal que Tola tarde en abandonar su refugio en la montaña.

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