domingo, 6 de diciembre de 2009


http://www.elnuevodiario.com.ni/nacionales/33464

parece ser que en prisión proliferan unos propios que esconden, con suma diligencias, los móviles en el recto. Esto es, pasa la ronda policial y, dentro de un condón, no meten el miembro viril sino el celular prohibido. No es doloroso en extremo aunque suena humillante. Lo cierto es que los interfectos ganan, poniendo en riesgo sus amados esfínteres, un dinero que les viene de perlas.

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