lunes, 7 de diciembre de 2009
Georges Bataille advierte que el hombre civilizado se ha caracterizado por abrigar horrores a menudo un tanto inexplicables; por ejemplo, el mieod a los insectos. Pero también podemos reparar en la seducció del ojo que es el límite del miedo. Ahí puede acercarse el filo de la navaja. Basta recordar "Un perro andaluz". El ojo según la exquisita expresión de Stevenson, es un "manjar caníbal" y "es para nosotros un objeto tan inquietante que jamás lo morderíamos". Lo cierto es que en una edición reciente de "El último superviviente" le vimos como, con cara de sumo disgusto, pegaba un bocado a un ojo de yak y la casi se vomitó en el acto.
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